sábado, 26 de julio de 2014

Pisando el freno

Aunque traten de no dejarme, estamos pisando el freno. El trabajo del invierno ha sido de una magnitud tal, que estamos hartos. Estamos tratando de pisar el freno (aunque no nos dejan) y ya dijo el otro día mi jefe que en cuanto soltemos un par de normas a las que les faltan un par de toques, que se darán en septiembre, habremos terminado la legislatura por nuestra parte y trataremos de mantener un "perfil bajo".

Aproveché una reunión en Canarias y pedí unos días libres, que uní al fin de semana y allí que nos fuimos M. y yo.

El primer día en Las Palmas de Gran Canaria un tiempo infernal, por decirlo suavemente. Llovía y las nubes no presagiaban nada bueno. La reunión fue corta y estuvo interesante, incluso saqué un posible proyecto futuro que ha gustado en el trabajo. A pesar de ello, uno de los asistentes se durmió. Increíble pero cierto.

Al llegar a Maspalomas, el tiempo cambió completamente. El primer día unas nubes ligeras y después un tiempo estupendo: temperatura perfecta y sol.



La relajación por mi parte fue absoluta: dormía como un bebé sin Dormidina ni nada. Incluso algún día nos echamos la siesta. El hotel perfecto, con su superdesayuno que terminábamos en plan guiri esnob con una copita de champán, que es digestivo...

Nuestros días eran muy simples: desayuno, paseo por la playa, baño en la playa/piscina, comida ligera, playa/piscina (a veces algo de siesta), paseo, cena y a dormir.



Vimos dos días a Starfighter en la playa. Fuimos un poco malos y entre su chico, M. y yo le estuvimos torturando con dudas sobre alguna excursión para sus próximas vacaciones.
 
Espero que Starfighter no nos odie mucho por lo que le hicimos sufrir planificándole la excursión, pero era por su bien.

Ahora M. sigue de vacaciones y se ha ido con sus padres a Jerez, así que me he quedado para acompañar a mi madre antes de las próximas vacaciones.



lunes, 14 de julio de 2014

Volviendo de Maspalomas

Aproveché una reunión para venir con M. a pasar unos días a Maspalomas, de donde nos estamos despidiendo hasta pronto, espero.

viernes, 4 de julio de 2014

Feliz 4 de julio


lunes, 30 de junio de 2014

¡Más madera!

Hoy en la oficina hemos estado en guerra. Yo he tenido una mañana relativamente tranquila, pero escuché voces altas en el despacho de mi gran jefe y no quise entrar ya que tenía mi propia guerra en el despacho dando rienda suelta a mi creatividad literaria al servicio de la Administración. Después me contaron la batalla vivida y, verdaderamente, esta mañana había motivos para gritar.


Verdaderamente en muchas ocasiones nos llevan como pollos sin cabeza. Tuve que parar a mi jefe para que no escribiera lo que iba a lamentar mañana.


domingo, 29 de junio de 2014

Hoy estoy zen

Hoy estoy zen. Estoy de un relajadoooooooo. Quizá influya la semana pasada, que en el trabajo fue relativamente tranquila, las dormidinas que me hicieron dormir bastante bien y el relajo que traje de Estambul. Ese pequeño viaje me ha servido para desconectar completamente del trabajo y de mi madre.

Casi un mes sin escribir, y no por falta de tiempo, sino de ganas.

Este mes trajo el viaje de M. con su cole al Reino Unido. Menos mal que coincidió con mi viaje a Estambul, y así no nos sentimos tan solos. Fue un poco estresante depender de la wifi del ambos hoteles y tener en cuenta las dos horas de diferencia que teníamos, así que hasta que él no volvió a España, la comunicación fue muy limitada.

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En el trabajo ha habido una actividad frenética todo el mes, ha sido lo habitual, nuestros prebostes ministeriales van como pollo sin cabeza, de un lado a otro.

En Estambul lo pasamos bastante bien. Fui con una compañera de trabajo que es maja y que me hizo unas fotos estupendas. Casi fui el guía del grupo de compañeros del trabajo porque yo había visitado la ciudad hace siete años, y recordaba muchos lugares perfectamente: Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Gran Bazar, la Cisterna, la mezquita de Rustem Pasha (una de las más bellas), la Torre Gálata, ... A mi jefe le dije que allí se comía muy bien, y ha vuelto echando pestes de la comida: me parece que tenemos diferentes gustos gastronómicos.




Conocí en Estambul a una chica de unos treinta años que participaba en el proyecto y me llevé una sorpresa por unas palabras que me dijo. Ella buscaba un regalo para su novio y quería algo diferente de la camiseta que le lleva siempre. Estando en el Gran Bazar rodeados de joyerías le sugerí que le comprase un colgante de plata y su respuesta fue que ella respetaba mucho las costumbres gays pero que su novio era bastante radical con eso y que no quería nada de colgantes.

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M. fue al Reino Unido con su cole y lo ha pasado regular: los niños se portaron mal y estuvieron a  punto de echarles del hotel donde se hospedaban.

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Este mes he llegado a los 1650 metros en la piscina, y además bastante bien. Así que he progresado adecuadamente, aunque debería haberlo hecho más rápido. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Además este jueves, que fue el primer día que hice los 1650 metros, coincidí con el triatleta y, salvo en los largos de espalda, le mantenía el ritmo en braza y crawl durante toda la sesión. También hay que decir que cuando salí de la piscina él seguía y seguía y seguía.



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Este fin de semana ha sido de excesos gastronómicos, así que operación bikini 2014 a la basura. Jejeje. Bueno, tampoco es para tanto. Pero sí que requiero un día de dieta para que mi cuerpo se regule.


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Quizá en unos días tenga una reunión en Gran Canaria, así que, si me dejan, me tomaré un par de días libres para unirlos al fin de semana y pasar unos días de relax en la playa.

sábado, 31 de mayo de 2014

Qué haría yo sin M.

¡Qué haría yo sin M.!

No me apetece estar de celebraciones, para qué vamos a engañarnos. Pero él se ha encargado de todo y ayer celebramos mi cumple. Es im-presionante, como diría el famoso pensador. Además he recibido regalos como si fueran los Reyes Magos. Unos pantalones vaqueros Ck, un reloj, una camiseta de Breaking Bad ("los pollos hermanos"), un fantástico libro-disco de la Callas (que estoy escuchando mientras escribo estas líneas), un libro de recetas (a ver si hago algo mejor que una tortilla francesa). Así que estoy abrumado.







La semana fue intensa de trabajo, incluida una sorpresa final que motivó un pequeño "encuentro" con la prensa que después se tradujo en una de esas noticias con frase "... fuentes de toda solvencia desmintieron que...". A mi no me examinaron para esto en las oposiciones.

Fui al médico a por mis medicinas para la alergia y solamente le faltó decirme que yo tenía "suerte" porque él está cuidando de su madre y de un tío... así que ajo y agua.

Tengo un viaje a Estambul dentro de unas semanas y bien sabe Dios que solamente he aceptado por lo que pagan por ser conferenciante experto, porque si no, iba a ir Rita la cantaora. Eso sí, si hubiera sabido lo que pagaban, a lo mejor había luchado más por ir...

También tengo la posibilidad de ir unos días a Las Palmas, pero ahí de vulgar currinchi, no de conferenciante de postín. Pero si ponen la reunión en una fecha adecuada, me quedaría un fin de semana en la playa, por supuesto. Eso si no operan a la madre de M. o hay un concierto por medio de su amado Morrissey.

Tengo que terminar de poner unos exámenes...

domingo, 25 de mayo de 2014

Casi un mes

Casi un mes sin escribir. La verdad: una desgana absoluta. No sé si necesito unas vacaciones, unas vitaminas o un psiquiatra.

Me siento culpable: no aguanto a mi madre. Y eso me hace sentir culpable. Muy culpable. Algún día la echaré de menos, pero ahora no la aguanto. He llegado a la conclusión de que a la señora que le hace compañía desde que volvió del hospital en septiembre no se le paga por cuidarla, sino por aguantarla.

A veces no sé si soy yo quien está "sensible" a cualquier movimiento que haga o a cualquier cosa que diga, por eso no sé si necesito un psiquiatra.

Le he pedido que me deje por las mañanas un poco tranquilo y... no me hace caso. ¿Qué medida he tomado? Levantarme antes. Así que estoy hecho polvo, con un cansancio infinito. Algunos días podría haber vuelto antes a casa, y no lo hago por no aguantarla. Su capacidad comunicativa me supera: habla, habla, habla y habla sin parar y eso me atonta.

Algún sábado que estaba especialmente cansado, por ejemplo ayer, conseguí echarme un rato... apareció en mi habitación para ver si me había marchado.

Hoy me ha comprado por mi cumpleaños una chaqueta. Le advertí antes de que se marchase que no necesitaba una chaqueta y que no me aptecía una chaqueta, como quien oye llover. Me la he probado en casa y no me gusta. Ahora dudo de si no me gusta porque el color es un verde militar que no me pega, si hace unas arrugas raras en la pechera o es porque me la ha comprado cuando le indiqué expresamente que no lo hiciera, tanto a ella como a mi hermana, que fue quien la acompañó a El Corte Inglés.

La atenci´n que necesita después de la operación es muy pequeña, y vuelve a su ser habitual. Y ese ser habitual me vuelve a poner histérico.

He llegado a pensar que uno de mis grandes errores fue volver a casa a mi vuelta a Madrid hace ocho años.

Por otra parte, pienso que si ahora no aguanto a mi madre, ¿qué pasará cuando viva con M.? ¿Llegaré a no aguantarle de la misma manera? ¿Estaré harto igualmente? ¿Me haré el remolón en el trabajo para no volver a casa? ¿Se merece eso? NO.

Me ha surgido un posible viaje de trabajo a Turquía muy bien pagado. Como ya conozco Estambul, acepté por el dinero. Ahora ni siquiera me apetece ir por la pasta.

He probado vitaminas (Leotrón sube los ánimos), he probado deporte (no voy a la piscina tanto como quisiera, pero voy), y nada. ¿Seré yo? ¿Habré heredado la vena loca de la familia? Tengo náuseas. También ganas de llorar, incluso en la oficina y me da igual todo lo que ocurre en el mundo.

Ya solté la mierda que llevo dentro. No sé si sólo servirá para arrepentirme. Pero hecho está.

jueves, 1 de mayo de 2014

Perezorra

Tengo una perezorra, es decir, una gran pereza, que me tiene hoy medio atontado en casa. No me apetece hacer NADA, más que dormitar, aunque no dormir.


Después de Semana Santa mucho trabajo, encima mi jefe ha estado de baja, así que estaba yo sólo para el trabajo que normalmente hacemos dos. Eso me ha permitido enterarme de alguna "interioridad", como el error cometido por uno de mis compañeros. Un error del tamaño de la Torre Eiffel, que llegó muy lejos. Y todo fue porque mi compañero, un venerable ingeniero "de los de antes", hizo unas cuentas a mano, porque no sabe echarlas de otra manera. No me sorprendió, porque le quedan dos telediarios para jubilarse, y no querrá aprender algo que no va a usar. Bueno, quizá lo que no quiera es pedir ayuda para algo tan "simple".

Me tocó volver a viajar para dar una pequeña conferencia. No tuvo tanta repercusión como la de primeros de abril porque era prácticamente la misma, así que fue ir a dar una vuelta y poco más.

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Hace una semana compramos los billetes para el verano. Al final nos iremos unos días a la Costa Azul en agosto. Ahora mismo me tumbaría en la playa, si la tuviera cerca y dormitaría todo el día.

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Vimos una película curiosa con Toni Colette. El comienzo es brillante.

No puedo hablar mucho más porque la vimos en viernes y me quedé completamente sopa. Una sorpresa: Anthony LaPaglia es australiano.


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Mañana comemos M. y yo con uno de mis amigos para que nos aconseje rutas por la Costa Azul y la Provenza: su mujer se crió allí y sus suegros y cuñados siguen viviendo por la zona, así que creo que estaremos bien aconsejados. Nuestra amiga Charlotte, que se viene también, quería ver los campos de lavanda, pero creo que agosto ya no es época.


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Esta semana tocó visita de control al urólogo con mi madre y parece que va mejor. Ha reducido el número de sondajes diarios y la dosis de antibiótico, así que su ánimo ha mejorado sensiblemente.

Empecé a hacer más metros en la piscina: ahora 1 500, y se nota. Las piernas por la noche las tengo destrozadas, pero es un destrozo que me gusta. Yo necesito más color en mi vida, pero no me apetece ir de compras.




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Ahora habrá que descubrir nuevas series, porque las que estábamos viendo van acabando: House of Cards, Breaking Bad, etc (yo todavía no las he terminado, pero M. sí).

domingo, 20 de abril de 2014

Feliz Pascua



viernes, 18 de abril de 2014

Compañía en la soledad

Leí "Cien Años de Soledad" a los catorce. Tomé con cierta reverencia ese tomo que pensé que no iba a aguantar, porque ya se sabe que cuando te alaban tanto algo, resulta ser un coñazo.


Empecé: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo."


Y continué y continué absolutamente facsinado por una historia donde daba por ciertos hechos que eran claramente fantasía, pero eran fantasías donde lo imposible se transformaba en cotidiano, como aquel cura que levitaba gracias al viejo truco de tomar una taza de chocolate.

Recuerdo no poder despegarme del libro en dos días y sentir palpitaciones cuando estaba llegando a las últimas páginas. Recuerdo que en las dos últimas páginas no sentía sólo palpitaciones, sino que me dolía el estómago, veía que terminaba y no quería que terminase.


Pero el libro terminó. "Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismo) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra."

Resoplé, respiré, seguía con las palpitaciones y el dolos en el estómago. Estaba confuso, anonadado, desbordado. Me sentía como si me hubieran transmitido un gran secreto y sentía como si me hubieran revelado una maldición de todos los hombres, o al menos, a mi, en aquel momento, mi secreto: no tenemos una segunda oportunidad sobre la tierra.

Había un segundo secreto: aquel era mi libro. Aquel que nos marca.

Volví varias veces a releerlo, siempre con miedo de que no me gustara. Temor infundado, siempre me gustó, aunque nunca más volví a sentir aquella angustia.

Revisité muchas otras historias. No aguanté "El Otoño del Patriarca", pero leí, devoré, fascinado "El Coronel no tiene quien le escriba", "Crónica de una muerte anunciada" y algunos más.

Años más tarde me regalaron mis amigos "Vivir para contarla", el primer tomo de su autobiografía. El relato del viaje con su madre a liquidar una herencia es un resumen de "Cien años de soledad", especialmente. Para mi, esas cincuenta páginas son las mejor escritas en español en muchos años. Además, me enseñó que la vida no es cómo uno la vive, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Siempre encontraremos compañía entre tanta soledad, esa compañía está en unos libros escritos por un hombre de un pequeño pueblo colombiano.